Desde la más alta colina, se puede contemplar la belleza del paisaje. Al fondo, surcando el cielo, un mar de nubes blancas y suaves como el algodón, tapan a intervalos cortos, los cálidos y dorados rayos del sol. En las verdes praderas se ven florecer las primeras flores de la primavera: amapolas, margaritas, tulipanes…
Una cordillera de montañas se alza majestuosamente en el horizonte, y en sus cumbres se pueden apreciar los restos de las últimas nevadas del invierno que parecen espuma blanca. Cientos de árboles como gigantes poderosos, dominan todo el valle. Bajo ellos, a la ribera del río, se ve la fachada de una pequeña cabaña de madera, hecha a base de troncos resistentes y firmes como rocas. En sus paredes crecen con descaro miles de enredaderas por entre las cuales las golondrinas construyen sus nidos, hechos con paja y ramitas.
En el bosque, se ven las ardillas jugueteando por entre las ramas de los altos chopos y de los gruesos robles mientras que una bandada de aves alza su vuelo de forma majestuosa. Al norte surge un pequeño riachuelo de aguas puras y cristalinas, en los que los peces de brillantes escamas, saltan alegremente. Y, una brisa de aire fresco completa este paraíso, que otrorga, a quien lo contempla, calma, paz, tranquilidad y sosiego.