Archivos para Abril 12, 2008

Descripción literaria

Desde la más alta colina, se puede contemplar la belleza del paisaje. Al fondo, surcando el cielo, un mar de nubes blancas y suaves como el algodón, tapan a intervalos cortos, los cálidos y dorados rayos del sol. En las verdes praderas se ven florecer las primeras flores de la primavera: amapolas, margaritas, tulipanes…

Una cordillera de montañas se alza majestuosamente en el horizonte, y en sus cumbres se pueden apreciar los restos de las últimas nevadas del invierno que parecen espuma blanca. Cientos de árboles como gigantes poderosos, dominan todo el valle. Bajo ellos, a la ribera del río, se ve la fachada de una pequeña cabaña de madera, hecha a base de  troncos resistentes y firmes como rocas. En sus paredes crecen con descaro miles de enredaderas por entre las cuales las golondrinas construyen sus nidos, hechos con paja y ramitas.

En el bosque, se ven las ardillas jugueteando por entre las ramas de los altos chopos y de los gruesos robles mientras que una bandada de aves alza su vuelo de forma majestuosa. Al norte surge un pequeño riachuelo de aguas puras y cristalinas, en los que los peces de brillantes escamas, saltan alegremente. Y, una brisa de aire fresco completa este paraíso, que otrorga, a quien lo contempla, calma, paz, tranquilidad y sosiego.

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Discripcion literaria.

VISTAS DESDE PUNTA CANA

 

Desde la cumbre del torreón altanero del hotel, todo cubierto de aguas marinas tan azules como el cielo. La tranquilidad del paisaje contrasta con las selvas y manantiales, con sus lagunas salpicadas por flamencos rosados. La gran playa que se llena cada mañana de visitantes, con numerosas e inmensas palmeras, tan grandes que su sombra es ocupada por numerosas personas. Pasan numerosos barcos por la playa ya que la mayoria de la gente hace exursiones para conocer nuevas islas. Al atardecer en la playa, el viento sopla con fuerza levantando olas dispuestas a tragarse el faro, los enamorados pasean cogidos de la mano por la playa.

Desde lo lejos se divisan pequeños pueblos tan pequeños, tan secos y pobres que parecen desavitados, los campos desiertos, a lo lejos algún tractor y arados en desuso. Desde el torreón del hotel, se ven la enorme bandera de la republica dominicana en movimiento por el viento, esos colores el azul, el blanco y el rojo.

 

soraya valencia.

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